Aprender a amar - GROW Consultora
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Aprender a amar

Aprender a amar

¿Qué es el amor?

¿Cómo nos enamoramos?

¿Cómo enamoramos a otros?

¿Cómo lograr un amor duradero?

Son preguntas que, de una forma u otra, toda la humanidad se ha hecho alguna vez. Quizás nunca encontremos una respuesta, por lo menos no una sola respuesta que a todos nos haga sentido. Pero si podemos reflexionar al respecto y encontrar caminos a transitar con la expectativa que nos lleven, o por los menos nos acerquen, a una vida llena de amor.

Pensar el amor como una emoción, nos lleva al callejón sin salida de preguntarnos qué son las emociones. Y aunque parezca increíble, lo mucho que sabemos al respecto, parece solo ser algunos pequeños datos de un fenómeno increíblemente más complejo. Aunque no vamos a desestimar esos datos, dado que cada uno de ellos nos puede ser realmente útil para esta aventura.

La definición del amor también es algo compleja, dado que podemos pensar en diferentes “tipos de amor” y podríamos cuestionar cualquier definición modificando el tipo al que nos referimos. No pareciera lo mismo hablar de “amor filial” (el amor entre los miembros de una familia) que de “amor romántico” (el amor que sentimos por una pareja), y etc.

Ver al amor solo como una conducta particular, como una forma de actuar, también nos puede enfrentar al inevitable encuentro de formas de amar a veces hasta contradictorias y por sobre todo a observar acciones que, por sí mismas, no completan la experiencia de sentirse amado.

Está bien, ya está claro que será difícil. Y por ello no espero que este texto se convierta en un manifiesto de como aprender a amar. Seremos mucho más humildes y solo buscaremos compartir algunas ideas disparadoras para iniciar el camino.

 

Ay, la magia…

Lo primero que podemos hacer, ¡es pausar la magia! Si de algo estoy seguro, es que el amor no es magia. Lo digo con certeza porque, ademas de coach, soy mago, (“ilusionista” sería un término más preciso) y los magos, entre todas nuestras magias, no tenemos ningún truco o encantamiento para el amor.

Solemos llamar magia a todo aquello que no podemos o no sabemos como explicar. Cuando no conocemos lo que produce ciertos resultados, al ver los resultados exclamamos, “es magia!”… pero no lo es.

Dejar el amor en el terreno de la magia, le puede brindar aspectos poéticos, pero no prácticos. Y para aprender, ¡necesitamos practicar! Es decir, poder repetir algunos haceres (conocidos) satisfactorios durante algún tiempo.

Así que nos toca aventurarnos a responder la pregunta… si el amor no es magia, ¿Qué es?.

 

El combustible necesario, es el compromiso.

¡Atención! No vamos a aprender nada, sin el compromiso de aprender. Y por ello me refiero a volvernos protagonistas de esta experiencia. Elegir aprender, a veces requiere que nos desaferremos de algunas ideas y nos atrevamos a explorar y vivenciar nuevas ideas. No se trata de negar lo nuevo o diferente, se trata de abrazarlo y conocerlo aun cuando al principio nos resulte disruptivo e incómodo.

También es esencial que no nos intimidemos frente al desafío, nos es extraño que, al iniciar un proceso de aprendizaje, nuestra experiencia sea que aquello que deseamos aprender nos es inalcanzable, a veces, hasta lo creemos imposible… pero una vez iniciado el aprendizaje nos solemos sorprender como nos resulta tan fácil aquello que en algún momento juzgamos de imposible. Lo extraño, es que probablemente estemos aún muy lejos de ser expertos o maestros en la materia, pero nuestra sensación es que ya la manejamos. No es el conocer “todo” lo que nos regala el aprender, es el conocer “algo”, lo que marca la gran diferencia en nuestra experiencia. Es decir, cada pequeña idea que desde tu protagonismo y elección decidas aprender de este texto será seguramente un inmenso paso adelante en tu capacidad de amar y ser amado.

Podemos concluir que, para aprender a amar, necesitamos comprometernos con el aprendizaje, aun cuando por momentos nos resulte difícil o incómodo.

 

El ser humano y su mundo.

Uno de los principios de la ontología del lenguaje, el principio del observador nos dice que los seres humanos “no sabemos como las cosas son, solo sabemos cómo las observamos o cómo las interpretamos, por ello, los seres humanos vivimos en mundos interpretativos”. No voy a profundizar en ello, pero si necesitamos acordar, por ejemplo, que aquello que a mí me resulta bello, no me resulta bello por como es, sino por que encaja en mis creencias de lo que considero bello. Si mi cultura fuese diferente, muy probablemente, el mismo objeto, persona o fenómeno, no sería considerado bello por mí.

Lo mismo pasa con el amor. No hay amor más allá de los seres humanos. Por supuesto que podemos ver gestos amorosos entre animales… pero no por que los animales se estén amando, sino por que nosotros interpretamos sus acciones como amorosas. El amor es una experiencia exclusivamente humana.

Pero entonces, si cada ser humano interpreta el mundo como puede… ¿cada ser humano tiene su propia idea de lo que es el amor? Sí, y ese es el mayor desafío al que nos enfrentamos.

Por supuesto, que como seres sociales que somos, hemos aprendido a compartir muchas ideas, conductas, formas, creencias y más sobre lo que consideramos amor. Por ello, es de esperar, que podamos caer fácilmente en la tentación de que lo que para mí es amor, también lo es para vos. Olvidando que mi forma de interpretar el amor tiene matices únicos e irrepetibles. Y cayendo fácilmente en la tentación de pensar que el amor esta más allá de mí, o de vos, y entonces no nos pertenece.

Somos los creadores de nuestra forma de amar y de nuestra expectativa de cómo debemos ser amados.

Podemos concluir que, para aprender a amar, necesitamos decir que es el amor para nosotros, y saber que es el amor para los otros. Y ambas definiciones son legítimas.

 

El ser, sus conversaciones y sus acciones.

El amor no es mágico, necesitamos comprometernos para aprender y cada uno tendrá su propia experiencia del amor. Vamos bien.. ¿pero vamos todos por el mismo camino?

Cada ser humano es único y diferente. Si claro, compartimos cierta biología, e importantes derechos, pero la persona que cada uno somos es, absolutamente única, producto de nuestra cultura, nuestros orígenes, el contexto, las relaciones, las experiencias… y por sobre todo (o por lo menos eso creo yo) de nuestras conversaciones… con otros o incluso con nosotros mismos.

Cada vez que nos relacionamos con el mundo creamos una conversación particular, y es debido a esa conversación que nosotros creamos que decidimos como actuar. Y lo hacemos, incluso cuando nuestra acción es la de quedarnos quietos.

Por ejemplo, cuando vemos a otro, lo interpretamos desde quienes somos y desde lo que creemos y entonces creamos la conversación de que ese otro es alguien que puede amarnos o, por el contrario, de que no va a amarnos nunca. Y es debido a esa conversación es que nosotros actuamos en consecuencia, si creemos que va a amarnos, nos acercamos, caso contrario, nos alejamos. (simplificando claro, pero creo que facilita el entendimiento)

Indiscutiblemente vamos por diferentes caminos, algunos más cercanos que otros, otros entrelazados, están también los muy distantes, y así y todo, vamos todos con la misma orientación, vamos hacia “vivir nuestras vidas”.

Es posible que el secreto del amor habite en ello, en reconocernos diferentes.

Podemos concluir que, para aprender a amar, necesitamos aceptar que todos somos diferentes y actuamos de formas diferentes.

 

Vivimos en el mismo mundo.

Algo inevitable es que todos compartimos el mismo lugar. Nuestra tierra, nos acoge, nos provee y es para todos. Entonces también es inevitable aprender a convivir, a vivir junto a otros.

Si bien la convivencia es necesaria entre todos los seres humanos. Hay algunos con los que nuestro convivir toma otra dimensión. Quizás es con ellos con los que más y mejor podamos aprender a amar.

Me gusta pensar que “convivimos” cuando estamos presentes que nuestras acciones afectan al otro y las del otro nos afectan a nosotros, por ello es necesario aprender a coordinar acciones, a danzar. ¿Recuerdan que vamos para el mismo lado? Que vamos hacia “vivir nuestras vidas”, bueno, con algunas personas podemos elegir hacer ese viaje juntos, es ahí cuando convivimos. Cuando cada una de nuestras acciones contempla las necesidades del otro, sin, por supuesto, olvidar las propias necesidades.

Una vez más podemos concluir que, para aprender a amar, necesitamos aprender a convivir.

 

Y entonces, ¿a dónde llegamos?

Ay el amor…

Escuché a Humberto Maturana, un reconocido biólogo chileno, decir alguna vez que “el amor, es la aceptación del otro, como legítimo y diferente, en la convivencia con uno”.

Para ello…

No debe ser mágico, por que ello lo vuelve imposible de gestionar.

Es necesario comprometernos con el aprendizaje del amor para poder conocer y expandir nuestro amor.

Tenemos que contar como nos sentimos amados y conocer como amar a quien elijamos.

Las diferencias serán inevitables y solo al aceptarlas es que estaremos amando.

Y es en la convivencia en único lugar donde podremos amar. Validándonos a nosotros mismos y al otro.

 

Amorosa conclusión

Nadie te puede enseñar a amar. Solo cada uno de nosotros puede aprender a hacerlo. El amor debe ser una forma particular de relacionarnos con el mundo. El mundo no debería responder a nuestro amor de una forma que nos dañe. El secreto es comprometerte con amar.

 

MCOA l Martín Cainzos

Director de Grow Consultora
@mcainzos