Control versus Gestión emocional: Todo lo que tenés que saber | Grow Consultora
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Control versus Gestión emocional: Todo lo que tenés que saber

Control versus Gestión emocional: Todo lo que tenés que saber

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Las emociones son una parte integral de nuestra vida cotidiana. Todos experimentamos una amplia gama de sentimientos, desde la alegría y el entusiasmo hasta la tristeza y la frustración. Sin embargo, la manera en que manejamos estas emociones puede tener un impacto significativo en nuestra calidad de vida. En este artículo vamos a conocer dos enfoques clave para abordar nuestras emociones: el control y la gestión emocional.

Cuando hablamos de controlar las emociones nos referimos a la tentativa de suprimir o evitar sentir ciertas emociones. Por ejemplo, en una situación de estrés, podríamos intentar ocultar nuestra ansiedad o enojo para no mostrar debilidad. Sin embargo, este enfoque puede resultar contraproducente. Las emociones reprimidas tienden a acumularse y pueden manifestarse de maneras inesperadas, afectando nuestra salud y bienestar general. 🙁

En cambio, la gestión emocional nos invita a tomar un enfoque más proactivo y saludable. Gestionar nuestras emociones no significa ignorarlas o suprimirlas, sino reconocerlas, comprender su origen y aprender a manejarlas de manera efectiva. Esto implica desarrollar habilidades como la autoobservación, la empatía y la comunicación asertiva. A través de la gestión emocional podemos aprender a navegar por nuestras experiencias emocionales de una manera que nos permita mantenernos equilibrados y enfocados, incluso en situaciones desafiantes.

Hoy vamos a descubrir cómo pasar del control a la gestión emocional. ¿Listo para empezar? 🚀

¿Qué es el control emocional? 

El control emocional, por otro lado, es un enfoque más inmediato y más rígido para manejar nuestras emociones. En lugar de profundizar en lo que sentimos, el control emocional se centra en mantener las emociones bajo control para que no interfieran con nuestras acciones y decisiones. ❌

Controlar las emociones puede ser útil en situaciones donde es clave mantener la calma, como en una reunión de trabajo o durante una emergencia. Sin embargo, este enfoque puede llevar a la supresión de emociones. Cuando intentamos controlar nuestras emociones, solemos mantenerlas bajo la superficie, lo que puede acumular estrés y frustración con el tiempo.

Otro aspecto del control emocional es que puede llevarnos a reacciones automáticas. En lugar de responder de manera consciente y considerada, podemos caer en patrones de comportamiento que no reflejan realmente nuestras necesidades o deseos. Esto puede impedirnos resolver problemas emocionales de manera efectiva y puede afectar nuestras relaciones y bienestar general. 😪

¿Qué queremos decir con esto? Que el control emocional es una estrategia a corto plazo. Puede ser efectivo en el momento, ayudándonos a mantener la compostura cuando más lo necesitamos. Sin embargo, si no abordamos la raíz de nuestras emociones, podemos encontrarnos lidiando con los mismos sentimientos una y otra vez.

¿Qué es la gestión emocional? 

La gestión emocional es una habilidad esencial para llevar una vida equilibrada y satisfactoria. Gestionar las emociones implica más que simplemente lidiar con lo que sentimos en el momento; es un proceso consciente y activo que nos permite entender, aceptar y usar nuestras emociones de manera constructiva.

Primero, la gestión emocional comienza con el reconocimiento. Se trata de identificar lo que estamos sintiendo, sin juzgar ni tratar de suprimir esas emociones. Este reconocimiento nos da una visión clara de nuestro estado emocional y nos ayuda a entender de dónde provienen esos sentimientos. 🥹

Una vez que hemos reconocido nuestras emociones, el siguiente paso es la aceptación. Aceptar nuestras emociones significa permitirse sentir sin culpa ni vergüenza. Esto nos libera del peso de reprimir nuestras emociones y nos prepara para manejarlas de manera saludable.

Luego viene el procesamiento activo. Acá es donde trabajamos con nuestras emociones para encontrar maneras constructivas de expresarlas y manejarlas. Esto puede incluir técnicas como la meditación, la escritura en un diario, o simplemente tomarse un tiempo para reflexionar. 🧘

Finalmente, la gestión emocional implica aprender y crecer a partir de nuestras experiencias emocionales. Cada emoción es una oportunidad para conocernos mejor y desarrollar una mayor resiliencia. Al gestionar nuestras emociones, no solo mejoramos nuestra salud mental y emocional, sino que también fortalecemos nuestras relaciones y nuestra capacidad para enfrentar desafíos.

¿Cuál es la diferencia entre control y gestión emocional? 🙄

Ahora que sabés exactamente qué es una cosa y la otra, ¿alguna vez te preguntaste cuál es la diferencia entre controlar tus emociones y gestionarlas? Aunque a primera vista pueden parecer lo mismo, desde la perspectiva del coaching ontológico hay matices importantes que vale la pena explorar. Acá vamos… 

✨ Control emocional

Controlar las emociones implica, en esencia, mantenerlas bajo control para que no interfieran con nuestras acciones y decisiones. Es un enfoque más rígido y, a veces, puede parecer que estamos reprimiendo lo que sentimos. Veamos algunos puntos clave sobre el control emocional:

+ Supresión de emociones: Controlar las emociones significa mantenerlas bajo la superficie, sin permitir que se expresen abiertamente. Esto puede ser útil en situaciones donde es crucial mantener la calma pero, a largo plazo, puede llevar a la acumulación de estrés y frustración.

+ Reacciones automáticas: Cuando nos enfocamos en controlar nuestras emociones podemos caer en patrones automáticos de comportamiento que no siempre reflejan nuestras verdaderas necesidades o deseos.

+ Estrategia a corto plazo: El control emocional puede ser efectivo en el momento, pero no siempre aborda la raíz de la emoción, lo que puede llevar a una falta de resolución y crecimiento personal.

✨ Gestión emocional

La gestión emocional, por otro lado, es un enfoque más holístico y consciente. No se trata solo de mantener las emociones bajo control, sino de entenderlas, aceptarlas y utilizarlas de manera constructiva. Acá están los aspectos clave de la gestión emocional:

+ Reconocimiento y aceptación: Gestionar las emociones comienza con reconocer lo que estás sintiendo y aceptarlo sin juicio. Esto crea un espacio para entender mejor por qué te sentís de cierta manera y cómo podés responder de manera constructiva.

+ Procesamiento activo: A diferencia del control, la gestión emocional implica procesar activamente tus emociones. Esto puede incluir hablar sobre ellas, escribir en un diario, o simplemente tomarte un tiempo para reflexionar.

+ Estrategia a largo plazo: La gestión emocional no solo te ayuda a manejar tus sentimientos en el momento, sino que también te permite desarrollar habilidades emocionales a largo plazo. Esto puede conducir a una mayor resiliencia, empatía y comprensión tanto de vos mismo como de los demás.

Comparación

Para ilustrar la diferencia, imaginá que estás en una reunión de trabajo y alguien hace un comentario que te molesta. Si optás por el control emocional podrías simplemente morderte la lengua y seguir adelante, pero ese sentimiento de molestia podría persistir y afectar tu bienestar. Si, en cambio, elegís gestionar esa emoción, podrías tomarte un momento para reconocer tu molestia, entender su origen y luego abordarlo de manera constructiva, tal vez hablando con esa persona más tarde para aclarar cualquier malentendido.

Mientras que el control emocional se enfoca en mantener las emociones bajo control inmediato, la gestión emocional se trata de entender, aceptar y trabajar con tus emociones de manera que promueva el crecimiento y el bienestar a largo plazo. La próxima vez que te enfrentes a una emoción intensa, pensá en cómo podés gestionarla en lugar de solo controlarla. ¡Tu bienestar emocional te lo agradecerá!

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