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Parejas desparejas. Esas, las que siempre se pueden emparejar

Hace un tiempo atrás, a fines del 2015, llego a tomar sesiones de coaching una joven pareja. Su objetivo era aparentemente simple, y hasta lo juzgaban de poco ambicioso. Ellos querían disminuir la cantidad de discusiones que tenían. No esperaban dejar de discutir, solo sentían que discutían más de lo que podían soportar. Decían que se amaban, pero ambos percibían que, con el ritmo de discusiones que llevaban, el futuro de la pareja comenzaba debilitarse. Por ese entonces, yo no acostumbraba tener sesiones con parejas, pero si llevaba en mí el recuerdo de haber acompañado, durante varios años, a muchas parejas en su proceso de lograr ser padres. Y también tenía la experiencia de haber vivido infinidad de sesiones abordando las dificultades de mi coachees en relación a sus parejas. Por lo que en una mezcla de osadía y de intriga acerca de lo que resultaría de mi intervención acepte iniciar un proceso con ellos.

Esa fue la semilla de una pregunta que creció en mí, ¿Cuál puede ser el aporte del coaching ontológico a las relaciones de pareja? Y acá estamos, más de tres años después, comenzando a vislumbrar algunas respuestas que parecen hacer sentido. Pronto me di cuenta que no pude evitar tomar como referencia mi propia historia, desde la relación de mis padres, los novios y novias de mis hermanos, mis primeros besos, alguna novia que imaginé eterna, los casi 20 años de relación con Gisela, mi esposa, mi pareja, la madre de mis hijos y todo aquel que se cruzaba por mi vida de la mano de alguien que decía amar. Así es la vida, nuestra vida, inevitablemente sesgada por el observador que somos. Pero a la vez estimulada por los relatos y experiencias de otros observadores. Es por ello, que juzgo que mis respuestas a esas preguntas pueden servir a otros, no como si fueran un modelo a seguir, sino más como una invitación a reflexionar y alcanzar miradas nuevas y propias.

Quiero que el lector sepa que la pretensión de este texto no es dar fórmulas mágicas, descreo que existan, ni tampoco abordar ahora ese aporte que pareciera el coaching tener el potencial de brindar. Si buscaré darle un orden a la mirada que podemos tener frente a la idea de una pareja. Este fue en definitiva el inicio de mi intervención con aquella pareja que tuve la osadía de aceptar como coachees. La primera pregunta que les hice fue ¿Qué es para ustedes ser una pareja? Y fue mucha mi sorpresa al escuchar grandes diferencias en sus respuestas. Así que los primeros pasos trataron de ponernos de acuerdo en que, en donde y en como mirar el fenómeno de “ser pareja”.

Si buscamos la definición del adjetivo “pareja” en un diccionario, es muy probable que no resultemos satisfechos, pareciera tan simple como “el que está acompañando a otro” y, sin embargo, cada vez que hablo con otras personas sobre “estar en pareja” las pretensiones son muchos más altas que solo acompañarse. Ahora, hay un verbo, emparejar, que habla de “poner en pareja”, pero tampoco nos cuenta como… aunque si nos regala una interpretación, estar en pareja, ¿es una condición o es un hacer?

Somos pareja cuando elegimos emparejarnos. El adjetivo es el resultado de nuestra acción. Parece obvio, lo sé, sin embargo, juzgo que rápidamente todo el trabajo que hacemos para estar en pareja se vuelve tan cotidiano que hasta llega a desaparecer y entonces… simplemente ya somos una pareja… y olvidamos el hacer… dejamos de emparejarnos, y el tiempo hace lo suyo y las parejas comienzan a correr el riesgo de separarse.

1º mirada:

No estamos en pareja, construimos una pareja.

Sin necesidad de profundizar el concepto de la construcción de una pareja si podemos preguntarnos cuál es el terreno donde la pareja se construye. Recuerdo una conversación en la que un coachee me dijo, “sin mí, nuestra pareja no existiría”, y si bien pareciera tener cierta lógica, a veces, las cosas son algo más complejas. No sé cuál será la experiencia del lector, pero en mi caso, todavía hay parejas que afectan mi vivir aun cuando los integrantes de las parejas ya no están en este mundo, hablo de la pareja de mis abuelos, por ejemplo. Estaba mi abuela, por un lado, y mi abuelo, por el otro, y no miento si les digo que para mí había una tercera entidad, mis abuelos, algo que surgía de ellos en pareja. Mi abuelo fue el primero en fallecer, pero aún con mi corta edad, yo podía distinguir claramente que mi abuelo no era el mismo cuando estaba con mi abuela. En el caso de ella, esta sensación era más difusa, pero cuando mi abuelo falleció, ella también lo hizo de alguna manera. Ya no era la misma, y no paso mucho también para que también partiera. Luego, de más grande, entendí que yo veía a mi abuelo sin mi abuela, pero nunca al revés. Podría decir que yo conocía a mi abuelo y a la pareja de mis abuelos, pero no tenía ninguna relación con mi abuela, hasta el día que mi abuelo falleció. Recién ahí la conocí a ella.

Estas vos, está el otro, y en el medio de ambos, surge la pareja. Puedo imaginar la idea de una pareja como el resultado de dos individuos pintando un lienzo. Ambos necesitan poder pintar, ambos incluso pintarán diferente, seleccionarán diferentes colores, tendrán diferentes trazos, pero la obra final será una sola.

La pareja no “soy yo”, no “sos vos”, es “un nosotros” que surge de nuestro encuentro pero que además nos trasciende. Somos hijos de una unión.

2º mirada:

Yo, vos y nosotros, los tres somos únicos y tenemos necesidades diferentes.

Algo que pude notar, en cada conversación que sostuve con cada pareja, incluso, en muchas conversaciones que tuve en mi pareja, es que la mayoría de los conflictos no parecían tener su origen en la pareja. Siempre es “el” que no sé qué… o “ella” que no sé cuánto… incluso, cuando logramos corrernos del atractivo juego de víctima y victimario, lo que escucho es “yo” que no sé qué o cuanto… son muchas las conversaciones que tenemos que compartir para poder comenzar a oír a la pareja hablar de “somos nosotros” que sabemos qué y cuánto.

¿Por qué pasará esto? ¿Por qué la pareja pareciera no poder expresarse?… creo haber vislumbrado una respuesta, puede que no sea la única, puede que no siempre sea certera, pero si soy testigo que ha permitido a muchísimas parejas expresarse a viva vos.

No se puede escuchar las expresiones de la pareja cuando un “yo” o un “vos” está gritando ¡tan fuerte!

Escuchamos muchas veces la frase, “encontré a mi media naranja”. Como si literalmente el otro te completara. Descreo profundamente de esa idea. Cuando alguien no está completo, jamás dejará de gritar por sus necesidades, y ese es el motivo por el cual la pareja no podrá expresarse.

Nadie te completa, estar completo es tu trabajo, cuando te encontrás con alguien lo que podes es multiplicarte, expandirte, pero eso solo ocurre cuando vos ya llegas completo a esa relación.

Sin embargo, también he visto incontables veces, como el otro asume un papel protagónico en la generacion del contexto necesario para que uno pueda completarse. Cuando veo eso, cuando veo a un “yo”, comprometido al extremo, para que un “vos” pueda declararse completo, es ahí cuando ya no tengo dudas que esa pareja se logrará expresar.

3º mirada:

Primero complétate, después asegúrate de que el otro esté completo, y después… jueguen a crear.

Ya miramos que quizás no se trate de estar en pareja, se trate de crear una pareja, también miramos que la pareja trasciende a los individuos que la crean y que los tres (yo, vos y la pareja) tienen sus propias necesidades (y lo más habitual es que sean muy, pero muy, diferentes). Ahora es cuando el juego de estar en pareja comienza. Y sí, me gusta particularmente la palabra juego para darle vida al espacio de la creación de la pareja. Jugar es “hacer algo con alegría con el fin de entretenerse, divertirse o desarrollar determinadas capacidades”.

Siempre en pareja estamos haciendo algo, cada espacio compartido en pareja puede ser lo más divertido de nuestra vida, y cada pareja que tengamos nos hará crecer.

Pero como todo juego, necesita nuestra acción. Cómo actuamos también necesita un orden y necesita de nuestra atención permanente. Acá podemos hacernos varias preguntas, como:

  • ¿Cuál es el propósito de la pareja?
  • ¿En qué dominios se expresa el estar en pareja?
  • ¿Cuáles son las reglas de acción del juego que jugamos?
  • ¿Cuáles son los límites de la pareja?
  • ¿Qué creencias fortalecen y cuáles debilitan a la pareja?
  • Y tantas otras…

Una vez que tenemos la mirada completa del mundo de acciones necesarias para construir nuestra pareja llega el momento de hacerlas. Pero recuerden que dijimos al inicio de este texto que: “el trabajo que hacemos para estar en pareja se vuelve tan cotidiano que hasta llega a desaparecer”.

La única forma que he visto ser efectiva es tener un plan de acción y seguirlo. Para ello hay infinidades de abordajes. Quizás a cada pareja le funcione uno diferente, pero es muy difícil que logren emparejarse sin tener alguna estrategia de acción. Incluso he visto parejas que velan y custodian ciertas estrategias mejor que nadie, incluso sin distinguir claramente que esa estrategia es la que sostiene su pareja con vida. Pero cada vez que me toco ser testigo de una pareja que se esfumaba con el tiempo, pude escucharlos decir “ya no sé qué hacer”… y siempre he pensado que esa frase deberían remplazarla por “ya no hice lo necesario”.

Puede sonar pesimista, pero también, “ya no hice lo necesario” puede convertirse en el impulso justo para comenzar a hacerlo… la vida, siempre nos regala una nueva oportunidad.

4º mirada:

Transcurrir no es lo mismo que hacer, y hacer no es lo mismo que hacer con propósito y a propósito.

Llegamos al final de estas miradas, y quizás sea el principio de nuevas conversaciones. En mayo de este año comienzo a brindar en Grow Consultora, un taller que llamaremos “empareja” será un espacio para parejas que deseen aprender a construir la pareja de sus sueños. En el mismo buscaremos rediseñar la interpretación de ser o estar en pareja, nos propondremos mirarnos y reconocernos, escuchar nuestras necesidades y darles respuesta a muchas preguntas, elegir qué y cómo hacerlo, y hacerlo, buscando lograr sustentabilidad. Tengo el inmenso desafío de medir los resultados y así poder aprender sobre la efectividad y el aporte del coaching a las relaciones de pareja. Espero lograr que cada pareja que participe se convierta en cómplice del diseño de estrategias, miradas y aportes para que cada uno de nosotros tenga la posibilidad de aprender a emparejarse… porque, en definitiva, la vida quizás solo trate de atreverse a ¡amar con locura!

 

MCOA l Martín Cainzos

Director de Grow Consultora
@mcainzos

2 Comments

  1. Lo acabo de leer… me encantó! Siempre tan claro y sencillo, simple con las cotidianeidad de la vida misma.
    Totalmente de acuerdo con lo de la media naranja… creo q cada uno es una naranja entera… mas grande más chicas, mas madura o menos, con más o menos color, pero naranja entera al fin… busquemos otra naranja con la que “caminemos” juntos…
    De eso se trata de construir juntos, disfrutar de esa construcción y seguir por mas!
    Gracias!!!

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